El Olympique de Marsella, fundado en 1899, es el único club francés que ha ganado la Liga de Campeones y, en esa misma temporada, el único campeón francés al que se le retiró el título doméstico. Esa paradoja resume la turbulenta historia de un club apodado "Les Phocéens", en referencia a los colonos griegos de Focea que fundaron Marsella en la Antigüedad.
En su palmarés figuran nueve títulos de liga francesa (1937, 1948, 1971, 1972, 1989-1992 y 2010), diez triunfos en la Copa de Francia y tres Copas de la Liga consecutivas entre 2010 y 2012. Sin embargo, el momento cumbre de la historia del club llegó el 26 de mayo de 1993, cuando el Marsella venció 1-0 al Milan en Múnich —gol de Basile Boli— convirtiéndose en el primer equipo francés en levantar el trofeo en su temporada inaugural bajo el nombre de Liga de Campeones.
Aquel triunfo, sin embargo, resultó inseparable del escándalo conocido como el caso VA-OM. Días antes de la final de Múnich, directivos del club sobornaron a jugadores del Valenciennes para que bajaran el ritmo en un partido de liga, facilitando a Marsella una preparación más tranquila para la cita europea. El asunto salió a la luz ese mismo año: la federación francesa retiró al club el título de liga de la temporada 1992-93, y el Marsella descendió administrativamente a segunda división para la campaña 1994-95. El título europeo, ganado sobre el terreno de juego, nunca fue cuestionado por la UEFA y sigue siendo hoy el mayor logro del fútbol de clubes francés.
La identidad del club ha sido moldeada por una sucesión de grandes jugadores y entrenadores: el delantero Jean-Pierre Papin, Balón de Oro en 1991; el centrocampista Didier Deschamps, quien más tarde regresó como técnico para llevar al Marsella al título de 2010; y el mediapunta Dimitri Payet, figura clave de la última década del club. Un paso breve pero intenso por el banquillo dejó también el entrenador argentino Marcelo Bielsa, cuyo estilo de juego sigue recordándose con cariño entre la afición.
El Marsella disputa sus partidos como local en el Stade Vélodrome, con capacidad para 67.394 espectadores, donde el ambiente generado por miles de aficionados está considerado uno de los más intensos del fútbol europeo. Ese vínculo emocional entre la ciudad y el club —que ha sobrevivido a escándalos, descensos y años sin títulos— mantiene al Olympique de Marsella entre los nombres más reconocibles del fútbol francés.