A los pies de los montes Jizera, el FK Jablonec ha pasado tres décadas consolidándose como uno de los equipos más constantes del fútbol checo, sin depender nunca del poderío económico de los clubes tradicionales de Praga. Fundado en 1945 como ČSK Jablonec nad Nisou, el club solo probó brevemente la máxima categoría a mediados de los años setenta, antes de descender en 1976. Regresó a la Primera Liga checa en 1994 tras ganar la segunda división, y desde entonces no ha vuelto a abandonar la élite: una racha de más de treinta temporadas consecutivas que pocos clubes checos de fuera de la capital pueden igualar.
El mejor puesto liguero de la historia del club, el tercero, se logró en dos ocasiones, en 1996-97 y de nuevo en 2020-21, y ambas campañas abrieron las puertas a competiciones europeas. El Jablonec ha ganado la Copa de la República Checa en dos ocasiones, en 1997-98 y 2012-13, y en 2013 sumó además la Supercopa checa tras vencer al Viktoria Plzeň en el Eden Arena de Praga. Estos logros han convertido al club en un habitual, aunque discreto, de las rondas clasificatorias y fases de grupos de la UEFA a lo largo de los años.
Buena parte de esa estabilidad está ligada al entrenador Petr Rada, que dirigió al Jablonec en dos etapas distintas, de 2003 a 2007 y de nuevo de 2017 a 2022, moldeando la identidad pragmática y trabajadora por la que se conoció al club. Sobre el terreno de juego, la historia reciente del club está estrechamente vinculada al delantero David Lafata, dos veces máximo goleador de la liga durante sus dos etapas en el Jablonec y, con 198 goles, el máximo anotador histórico de la Primera Liga checa, así como al veterano centrocampista Tomáš Hübschman y al extremo montenegrino Vladimir Jovović, ambos figuras clave en las temporadas más recientes del equipo.
Los partidos como local se disputan en el Stadion Střelnice, un recinto compacto con capacidad para algo más de 6.000 espectadores, conocido entre los equipos visitantes por su clima montañoso y cortante. El modelo de funcionamiento del FK Jablonec se ha apoyado durante años en una estrategia de fichajes pragmática -construir la plantilla en torno a jugadores checos experimentados, combinada con cesiones de jóvenes talentos prometedores en busca de minutos regulares-, un enfoque que ha permitido a un club de una ciudad de menos de 50.000 habitantes seguir siendo un habitual de la máxima categoría del fútbol checo.